Noe Casado

Autora española de novela romántica con más de 15 libros publicados, su pasión por la literatura inicia al acabar la secundaria, decantándose primero por la novela histórica y luego la romántica, aquí algunas de sus obras.

No sé quién eres y me da igual

Estoy rodeada de traidores. Es duro asumirlo, sin embargo he llegado a esta conclusión después de verme sola. Mi prometido se ha ido con otra y en vez de decírmelo a la cara, me manda un triste mensaje de voz tras abandonarme en un crucero de lujo en el que íbamos a desconectar y a disfrutar de tiempo para nosotros. Mi empresa de moda se tambalea. Nunca pensé que, después de tanto esfuerzo, mis colaboradores, en los que había depositado toda mi confianza y a los que había pagado sueldos astronómicos, se pusieran de acuerdo en hacerme la puñeta. La prensa especializada en moda me ha tachado de insulsa y fraude, así que no tengo ni ganas ni inspiración para salir a flote. ¿Qué puede hacer una mujer de cuarenta ante una situación así? Ya os adelanto que buscarse un sustituto no funciona, también te puede traicionar. Tampoco esconderse del mundo porque los problemas no desaparecen. Y el resto de ideas son ilegales.


Las mujeres que me han jodido la vida

El fin justifica los medios, y por ello no me arrepiento de nada de lo que he hecho. Nunca imaginé llegar tan lejos porque mi futuro era poco o nada halagüeño, pero me aproveché de las circunstancias, sin preocuparme demasiado de quién salía perjudicado. En mi profesión y con mi experiencia pocas cosas me sorprenden ya, y eso que he visto de todo, así que no debería afectarme tanto algo que pertenece al pasado. Sin embargo, después de casi veinte años de silencio, ella se pone en contacto conmigo. Y no para felicitarme ni para saludarme, ni mucho menos para decirme que en un momento estúpido y nostálgico se ha acordado de mí. No. Quien me ha escrito a través de sus abogados es una hija de puta, con todas las letras. Nada que ver con la persona que conocí en el último año de colegio, cuando tan sólo era una estudiante brillante con problemas familiares, poco agraciada y sin recursos. Que entonces me dejase tirado puede tildarse de cabronada, pero lo que ahora me exige es, como poco, ruin.


A mi manera (pijas y divinas)

Digan lo que digan, tener un affaire con un compañero de trabajo siempre sale mal, y si además yo soy la jefa, la situación es aún peor. No me preguntéis por qué, pero es así. De mí se dicen muchas cosas: que soy altiva, déspota, adicta al trabajo, metódica en exceso, inflexible..., pero no son más que halagos, por supuesto. A pesar de todo cometí el error de mirar de forma poco profesional a Fernando. Si él se percató, no dio muestras de ello...


Aquí me tienes (pijas y divinas)

¿En qué consiste exactamente comportarme como un hombre, según mi padre? Además, claro está, de tener contenta a una niña pija para que su padre financie un negocio. Un proyecto que se fue al garete porque la susodicha me ha dejado plantado. A mí, a Simón de Vicentelo y Leca, por un tipo sin pedigrí. No la culpo, aunque las consecuencias no me van a gustar...


Porque tú lo vales (pijas y divinas)

Me llamo María Asunción Peralta de la Merced y Luengo Medina. ¿A que es un nombre elegante? Como no podía ser de otro modo, en mi círculo social todos tenemos nombres similares, aunque cuando cumplí los quince elegí uno más abreviado e igual de elegante: Sun. Hay gente que piensa que haber crecido en una familia adinerada, sin tener que trabajar y con la vida resuelta, es una maldición. ¡Ja, ja, ja! Yo considero que es lo mejor que te puede pasar...


Negando la realidad (pijas y divinas)

De una boda, en teoría, sale otra boda. Chorradas. ¡Qué más quisiera yo! Porque os seré franca, quiero casarme cuanto antes, pero no me sirve cualquiera. En mi entorno familiar, el matrimonio es un arte, o al menos así me lo ha explicado mil veces mi madre. He tenido novios y pretendientes; sin embargo, ninguno cumplía todos los requisitos, empezando por una cuenta bancaria saneada. Ya sé lo que estáis pensado, no hace falta que me lo digáis, pero antes escuchad mis razones...

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